Pesadilla y despertar

Cerré mis ojos y vi mi sangre
brillar escarlata, recorriendo mis adentros
y en un grito mudo estalló mi llanto,
a oídos sordos desgarrante.

Fueron calles ríos de gente
con sus gritos en las manos,
de rodillas se arrastraban
esperanzas pepenando.

Lágrimas rojas de un pueblo,
falleciendo descarnado,
caen estériles al suelo
sin creer ya en los milagros.

Desperté amodorrado,
quise dar un gran suspiro,
vi mis manos arrugadas,
vi al espejo envejecido.

Impotente rompí en llanto,
cual bebé recién nacido,
y solté mi último canto
bajo el cerro engrisecido:

¡Viva México, cabrones!
¡Pongan verbo en la oración!
¡Defendamos ilusiones!
¡Viva la Revolución!